ESPOL-FICIT- CONAH
Programa Maestría en Arqueología del Neotrópico,
Primera promoción.
Ejercicio académica para el Modulo 3. Sociedad y Cultura Contemporánea del Ecuador. Docente: Dra. Silvia Álvarez L. silvia.alvarez@uab.cat
Cacicazgo y Etnicidad en la costa del Ecuador actual. Una introducción
Toda vez que su constatación cobra visos de realidad, en la problemática de las poblaciones originarias de la costa del Ecuador hay todavía múltiples aspectos que demandan atención; en particular planteo incursionar en los vínculos entre lo que para efectos del presente trabajo seguiremos llamando “cacicazgo” y aquello que se plantea como etnicidad. De hecho, Moreno por ejemplo considera al cacique “señor étnico” y lo sería tanto por su origen cuanto por su ámbito. Conforme se desarrolla la colonia vemos que este vinculo incluso parece mantenerse hasta en los casos de cacicazgos espurios o mal avenidos, que aparecen bajo la figura de “impuestos”; pero lo hace en tanto parece un vinculo particularmente fuerte, que logra mantenerse tanto durante el prolongando transito de la colonia cuanto en lo posterior; sigue presente en la república, y que capaz estaría jugando un papel todavía no bien examinado dentro del amplio abanico de las denominadas “autoridades tradicionales” de las comunas.
En el marco del presente ejercicio tomo los casos de Santa Elena y Portoviejo que han sido objeto de estudios previos y donde se argumenta la persistencia aborigen; estos estudios previos incluyen dos ensayos de mi autoría publicados en las Memorias del primer Congreso de Arqueología y Antropología celebrado en Quito en el 2002, acerca de las derramas, y el otro publicado en CHA acerca del cacicazgo de Chongón el 2001, con la versión arqueológica también publicada en el marco de las referidas memorias, que están dentro de mi particular interés por lo que denomino procesos de estatalización.
Con relación al concepto de cacicazgo localmente es poco lo que se ha avanzado, por una parte, teóricamente, desde la propuesta de Segundo Moreno, y por otra, desde las perspectivas arqueológicas donde parece que se ha avanzado un poco más, desde la síntesis del 85 en el congreso de americanistas. Tanto la perspectiva teórica esbozada por Moreno como cierta propuesta a caracterizar el tipo de poder que caracteriza al cacique, los esbozo en otros trabajos para este mismo módulo.
Hay dos trabajos que plantean aspectos teóricos desde la perspectiva de la antropología política; el uno aplicado a la discusión andina sobre etnicidad y etnogénesis y el otro sobre límites étnicos. Para este efecto se realizaron resúmenes de ambas posiciones teóricas. Los límites étnicos son un planteamiento que propone que un cierto “contorno” social define el “grupo étnico” que eventualmente puede tener expresión espacial pero que en realidad condiciona la práctica del sujeto étnico. La reproducción de estas características comporta una práctica necesaria, aunque esencialista desde la perspectiva del autor, para el colectivo, que le permite mantenerse activo en el concierto nacional que lo rodea. La etnicidad aflora en esta practica.
Teniendo presente que la masa aborigen del siglo XVI no es una masa amorfa e inorgánica y pese a los esfuerzos hispanos por hacerla aparecer así, que se puede apreciar en el uso del concepto de behetría, “e pur si muove”; y a mi modo de ver, es esto precisamente lo que les permitirá “surfear la adversidad”, aunque el entendimiento del movimiento que llevaban impresos como procesos locales y su tendencia histórica, es todavía campo de luchas intelectuales. Por otra parte cuando se concibe a la masa aborigen lo hacen desde la perspectiva del lenguaje o de su organicidad. Si se hablan distintas lenguas, entonces en la costa habría distintas etnias, aunque la emergencia de una lengua franca nos puede llevar a una “realidad poliétnica”; esto plantea una primera diferencia en el ámbito de la sujeción, donde según los hispanos radicaría el poder del señorío.
La concepción de limite étnico, por otra parte, lleva implícito el hecho de que las experiencias coloniales en Äfrica, Oceanía u Oriente Medio son similares a las americanas, lo serían solo en el sentido del mercantilismo en tanto extensión del colonialismo por otros medios; así, tales “limites”, desde la perspectiva formalista del Sujeto-Grupo, aparecerían como “mercado cautivo” tanto para oferta como para la demanda. Los resultados a la vista, por lo menos en África, han sido fomentar los “pterodáctilos mentales” que mueven las guerras intetribales, pues aquí la “etnia” aparece como una suerte de arquetipo que es activado por intereses foráneos, y en este sentido no estaría muy separado categorialmente de etnogénesis.
En esta perspectiva el concepto de etnia adolecería de los mismos problemas del concepto de tribu, ya discutidos por Godelier. Postulo que el término se lo usa en un doble acepción por un lado para significar un contorno, que incluye cultura material, y por otro un imaginario donde radica su reproducción, cuyas claves de activación parecen redituables para otros fines. A mi modo de ver los caciques tuvieron eso en cuenta.
A continuación y en correspondencia con los requisitos del trabajo, pasaremos a resumir las fuentes elegidas, luego plantearemos un encuadre histórico del periodo colonial en cuyo contexto se sitúan los aportes de casos de referencia y luego pasaremos a realizar algunos planteamientos que tienen todavía la forma de un bosquejo con miras a futuro.
Veamos:
Titulo: Marqueses, Cacaoteros y Vecinos en Portoviejo. Cultura Política en la Presidencia de Quito.
Autora: De Anhalzer, Carmen Dueñas, Ph.D. Historia, University of Florida, Master en C. Historia con mención en Historia Andina, Flacso-Ecuador, Licenciada en Ciencias de la Educación, Universidad Católica del Ecuador.
Título: Crónicas desde el mar. Una aproximación a la condición indígena de la costa ecuatoriana
Autor: Álvarez L, Silvia. Dra. Universidad de Barcelona, Licenciada en Antropología, Argentina
Titulo: Grupos étnicos y sus fronteras
Autor: Barth, Fredrix, PhD Universidad de Chicago
Articulación doble y etnogénesis. En Salomon, F. y S. Moreno (comps); Reproducción y transformación de las sociedades andinas. Tomo 1:197-210. Quito, Abya Yala.
Autor Abercrombie, Thomas. Flacso, Quito.
Resúmenes
Los grupos étnicos y sus fronteras. La organización social de las diferencias culturales. Fondo de Cultura Económica, México, Primera edición en Noruego, 1969; primera edición en español 1976.
El autor y algo de su contexto de producción
Al parecer durante su vida “claramente aplicaba un enfoque weberiano y según confiesa lo ha mantenido hasta ahora. Influenciado por Edmund Leach en Cambridge. En 1962 comenzó su trabajo en Bergen[1], donde en 1968 había cumplido un año sabático y construido el departamento de antropología.

Fredrik Barth (1928) Estudia y se licencia en USA entre 1946 al 1949. Previamente había estudiado biología y paleontología con énfasis en la auto preparación. Es reconocido como antropólogo social noruego que ha publicado varios libros sobre etnografía con una clara visión formalista[i]. Él ejerce la docencia en el departamento de Antropología en Universidad de Boston, y ha llevado a cabo becas en la Universidad de Oslo, Universidad de Bergen (donde fundara el departamento de antropología social), Universidad de Emory y Universidad de Harvard.
Es considerado como ejemplo clásico del análisis formalista en antropología económica. Durante su larga carrera ha hecho importantes estudios basados en trabajos en el terreno adentro Bali, Nueva Guinea, y varios países en el Oriente Medio, cubriendo una amplia gama de temas.
Barth configura un acercamiento al estudio de la pertenencia étnica La opinión de Barth es que los grupos étnicos no son islas culturales discontinuas; la etnia comprende los aprioris a los cuales cierta gente pertenece naturalmente.
Para 1969 año del congreso y de la publicación del libro, en Noruega se contaba con instituciones de investigación sobre África (Uppsala en 1962) y sobre Asia (en Copenhague 1965).
Los grupos étnicos y sus fronteras. La organización social de las diferencias culturales
El libro de referencia compila ensayos de antropología social de un grupo de antropólogos escandinavos en torno el análisis de grupos étnicos. Patrocinado por fondos de USA, el simposio se realizaron en la U. de Bergen a finales de febrero del 67. Barth redacta la introducción donde presenta el concepto de “organización poliétnica” Barth sostiene que el presente trabajo se encarga de los grupos étnicos y su persistencia. Esta última es relevante en oposición en la discontinuidad muy común en el trabajo antropológico precedente. Semejanza interna y diferencia externa caracterizan los agregados de individuos o unidades étnicas que corresponde a cada cultura. Es esta constitución de grupo y los límites empírico entre cada unidad lo que recibirán atención por parte del simposio(11).
Destaca que el enfoque previo considera el aislamiento geográfico y social como factor crítico en la conservación de la diversidad. ¿Cuál es el carácter de los limites étnicos?. La investigación empírica “produce dos descubrimientos…primero que los limites persisten, pues resisten a los cabios desde afuera, y segundo que esa resistencia está vinculada a la estabilidad de ciertas relaciones sociales internas. Pero ¿de qué limites estamos hablando?. Retoma que un “grupo étnico” (GE) es una comunidad que se autoperpetúa biológicamente, comparte valores culturales, integra un campo de de comunicación y comportan una categoría distinguible de otras del mismo orden, definición a la cual objeta el que deje de lado el preguntarse “cuáles son los factores significativos en la génesis, estructura y función de tale grupos” (12). Pasa a discutir esta visión tradicional en dos aspectos: como portadores de cultura y como tipo de organización. Los GE no son reductibles a las culturas de la cuales son portadores(14) y luego que los GE no son formas de organización social(16).
Luego pasa a examinar la cuestión de los límites. El foco de la investigación son los límites étnicos que definen el grupo y no los contenidos que encierra. Se refiere a que estos son “límites sociales”, sin descontar que puedan tener una expresión territorial. “Los limites étnicos canalizan la vida social”(18). “La persistencia de los GE en contacto implica no solo criterios y señales de identificación, sino también estructuras de interacción que permita la persistencia de las diferencias culturales”(18). Es decir, mantener las diferencias se convierte en una estrategia de persistencia compartida (18).
Que son los sistemas sociales poliétnicos? Una sociedad plural es una sociedad polietnica integrada y dominada por uno de los grupos en un sistema estatal pero con “libertades” o zonas de diversidad en sectores domésticos y religiosos (19) donde concurren los GE que la constituyen.
Una vez que examina los diferentes aportes, arriba a establecer que “puesto que la identidad está asociada a un conjunto de normas de valor, específicamente culturales, se concluye que existen circunstancias donde esta identidad puede expresarse con éxito moderado, y límites cuyo traspaso está vedado. Yo afirmaría que las identidades étnicas no pueden conservarse más allá de éstos límites”/51
Título. Articulación doble y etnogénesis.
El autor y algo de su contexto de producción. Abercrombie, Thomas 1991. Es muy poco lo que la web entrega de este autor, solicitándolo desde varias entradas, lo más frecuente es su vínculo con la Flacso-Quito. Esta es una propuesta publicada en el marco de una compilación más numerosa que trata acerca de las sociedades andinas.
¿??Abercrombie foto no hay en la web
Libro: Articulación doble y etnogénesis. En Salomon, F. y S. Moreno (comps); Reproducción y transformación de las sociedades andinas. Tomo 1:197-210. Quito, Abya Yala. Abercrombie, Thomas. 1990. Quito: Abya-Yala[2].
Resumen
En los 90 el autor plantea que “el asunto que hoy me ocupa es el concepto de etnicidad tal como el mismo se aplica en los andes”. Sin señalar cómo es esa aplicación, indica que es un enfoque tentativo y en busca de precisión teórica. Se remonta a Cohen para examinar el origen de la palabra y encuentra que “etnicidad” como concepto es reciente, aparece con fuerza a fines de los 70 con un efecto de reemplazo a otros términos tales como “tribu” “cultura”. Incursiona en la etimología de “etnia” y encuentra que es similar a nación, raza, pueblo, gentil, pagano e idólatra, en el contexto africano y asiático y desplazado por las necesidades crecientes del mercado; hay “algo” que es singular, que está presente “también” en los conglomerados andinos, que parece, además, de larga data y que poco cambio con la colonia, persisten, se niegan a desaparecer, en una perspectiva de procesos desiguales enmarcados. ¿Esa es su etnicidad?.
Abercrombie sostiene que si, pero a condición de que las “fronteras” de la singularidad sean de tipo cultural, y deben ser explicadas de cada lado; en la arena de la cotidianidad hay una doble articulación, sostiene, en esta perspectiva lo que permanece no es accidental; por ejemplo “los rituales sincréticos resisten a la hegemonía a la vez que la reproducen” (204). Creo que esta reproducción implica que hay una lógica subyacente en el mercado que está más allá del capitalismo, sin negar que es durante éste que ha recibido mayor impulso, pero que no va a desaparecer si este lo hace; la lógica del mercado es vista como correcta; pero la lógica del capital es rechazada y de allí la persistencia.
Luego hace un recuento del proceso ex ante hispano, pero en ello permea su propia caracterización de lo que considera la historia; como no considerar que lo que el autor describe no está plagado de lo que el mismo crítica?. Pero parece no importarle en tanto cree haber encontrado una clave para describir la singularidad: usar el idioma nativo. De esto derivara su concepción de etnogénesis. No solo persisten sino que se reproducen como tales; para lo cual hacen gala de un cierto “poder generativo” (207) que lo manifiestan en diversos órdenes de existencia.
Título: Crónicas del mar: una aproximación a la condición indígena en la costa ecuatoriana
La autora y algo de su contexto de producción: Álvarez L, Silvia. En la web hay una pequeña reseña y una foto. Se indica que es Antropóloga Sociocultural. Nacida en 1953, en Mar del Plata, Argentina. Entre 1980-1991 fue Profesora fundadora y luego Subdirectora, del primer Centro de Estudios Arqueológicos y Antropológicos de la costa identificado como CEAA, ESPOL. A partir de 1991 se traslada a España donde realiza sus estudios doctorales; es Doctora por la Universidad Autónoma de Barcelona, en 1995 y actualmente Profesora Titular en el Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

El libro: Crónicas del mar: una aproximación a la condición indígena en la costa ecuatoriana
Resumen
Hay indios en la costa del Ecuador. Esta afirmación categórica está presente a lo largo de la obra. Más que por dinámica propia, fueron invisibilizados por intereses de los grupos dominantes y por sesgos teóricos influyentes, como el mestizaje por ejemplo (91). Para establecer que la etnogénesis se mantiene, el territorio, una actividad clave como el comercio, y las tramas de parentesco son los rasgos ecuménicos que están tras la persistencia, que han sido develados en el caso de los indios de la península de Santa Elena y que configuran su “autonomía embrionaria”. La lengua, el aspecto fisionómico y la cultura material, cuya carga diferenciadora habían sido resaltados previamente por los sesgos teóricos, incluso solo manifestaron la preeminencia parcial de las etnias de la sierra y la amazonía pese a lo cual eran las únicas consideradas para las políticas públicas.
Durante el periodo colonial, no obstante que fueron conducidos casi al exterminio logran sortear la crisis y sacar alianzas con los hispanos gracias a su condición de navegantes y comerciantes, resultado de un proceso de tiempo largo que se remonta a los tempranos indicios de navegación un par de milenios antes de Cristo, como pone de manifiesto la autora en la historia precolonial(92). Esta larga data consolida lealtades primordiales que se activan en tiempos de la colonia y ponen en vigencia redes sociales de consanguinidad y alianza, aprovechando todos los momentos de debilidad colonial para, literalmente, ganar terreno. Ya en el siglo XIX, precedidos de los resultados de su renacimiento poblacional y habiendo utilizado a su favor los mecanismos legales que la propia colonia disponía, aparecen provistos de sus antiguas posesiones y manteniéndose en el dominio de actividades marinas especializadas con las cuales destacan actualmente y que comporta rasgos de su identidad comunal. A partir de los noventa logran posicionarse en el concierto de las organizaciones indígenas integradas y lograr reconocimiento.
Titulo. Marqueses, cacaoteros y vecinos en Portoviejo. Cultura Política en la Presidencia de Quito.
La autora y algo de su contexto de producción. Anhalzer Dueñas, Carmen Ph.D. Historia, University of Florida, Master en C. Historia con mención en Historia Andina, Flacso-Ecuador, Licenciada en Ciencias de la Educación, Universidad Católica del Ecuador. Es muy poco lo que la web dispone de esta autora, también vinculada a la Flacso. De origen manabita, pronto se inclina por el corte histórico de la realidad y con ella se introduce la perspectiva académica en los estudios culturales de la región.
Foto ¿?? Dueñas; no hay en la web
Resumen
Los indios fueron buenos negociadores, destaca esta autora. En este libro, a partir de una crónica del siglo XVIII (1767) un indígena, ante el regente colonial, en Madrid, le dice a este que allá en sus posesiones de ultramar “son objeto de abusos”. El indio es del partido de Portoviejo, de la parcilidad de Jipijapa, y denuncia a curas y regidores de la gobernación de Guayaquil, de la cual dicho partido formaba parte. El rey arbitra procedimientos punitivos, pero por el tiempo y trama de los procesos, surte efectos sobre personajes desaparecidos y escenarios desvanecidos (186-187), pero deja sentados precedentes para escenarios posteriores de cara a la restitución de poderes en Portoviejo (189) provocados por un viraje en las condiciones económicas de la colonia.
A su vez vecinos españoles de Portoviejo e indios de jipijapa se cooptan frente al poder de Guayaquil generando una inusitada alianza en la pobreza entre conquistadores y conquistados (193), en tanto que tensiones entre las viejas prerrogativas entre San Francisco y Santiago, que debilitaban el poder regional de este ultimo y reforzaba al primero como centralidad, que tuvo la forma de Juicio Civiles y derivaría en la recuperación protagónica de San Gregorio en la costa a través de consolidar su figura de partido, a la par que los indios recuperaban sus ancestrales derechos que se concretan a comienzos del siglo XIX.
Sus ancestrales habilidades también le permitieron negociar con sus aliados coyunturales. Requena, por ejemplo, menciona “la inclinación natural de estos indios para el comercio” (206) condición que cambia el estatus indígena, dándole poder adquisitivo derivando en algunos casos “particularmente caciques propietarios de huertas de cacao”(207); este cultivo por un lado, y por otro, el “activo comercio ilícito”(210) de alguna manera equilibraban los efectos que los ciclos de agua tenían (212) en Portoviejo.
Desde la centralidad el estado colonial se afianzaba y la administración pública reforzaba el cobro de impuestos, sobrepuestos a la antigua institución tributaria, que generaba arbitrariedades y rechazos; pero en Portoviejo la situación era marginal y precaria antes de 1780 (216) según la autora por ser una “frontera” 217) del cual los indios parecían ser la excepción como acontecía en Jipijapa (218), en un contexto regional en que la “desobediencia” como transgresión a los limites que la colonia imponía era frecuente como pasaba en Santa Elena y Portoviejo (219) donde su expresión más visible era la “ausencia a la doctrina”. Era obvio que el contexto histórico de 1780 era preindependentista para decirlo de algún modo. El estado colonial de ultramar se fisuraba, y era justamente en los escenarios portuarios donde se estaba mostrando rechazo hacia el dominio colonial, como desde Guayaquil, ciudad-puerto que presentaba una estructura hispana mórbida y decadente, y un grupos criollo en ascenso.
Teniendo en cuenta que la Gobernación de Pizarro, de la cual se deslinda la Real Audiencia, fue siempre una gobernación andina y “Limacentrada”, la tardía incorporación de la costa al norte del golfo tendrá consecuencias posteriores como lo fue su especialización primaria y en el mercado, en la economía regional; en ese sentido San Gregorio y sobre todo Santiago a diferencia de Callao, fueron más propicias como “áreas de cambios” o zonas de frontera, dinamizando el mercantilismo que a la postre sería el proceso surgido en el seno del colonialismo que terminaría acabándolo. El empoderamiento criollo que resultara de esto, implicara la emergencia de nuevos escenarios que resultaran también frustrante para los indígenas, hasta las dinámicas recientes donde están negociando con el estado.
La resistencia en la costa fue de igual a igual; el uso de recursos legales a nivel urbano, el repliegue hacia refugios en el campo y la abstención doctrinal parecen las estrategias más usuales y en eso las autoridades coloniales los diferenciaban de los indios de la sierra /225); en general la estrategia era la recuperación del señorío sobre la tierra y sus recursos a través de activar las secuencias hereditarias del cacicazgo, siempre y cuando favoreciera secuencias largas de consanguinidad y alianza como forma de asegurarse un amplio paraguas de beneficios, aunque podían discrepar de las practicas y de ciertos resultados momentáneos, como cuando rechazaban la instauración de ciertas pretensiones cacicales.
Con estas estrategias frenaban tres males básicos: abusos de autoridad(de cualquier autoridad en cualquier aspecto social y económico, como las licencias mercantiles por ejemplo), limites de haciendas (y limites al poder de los hacendados, oponiéndole reclamo sobre tierras), salarios y pagos injustos (lucha por el cese el tributo). Finalmente el título del libro es un tanto peculiar, aunque el subtítulo refleja mejor su contenido.
La etnia en los tiempos del Colon.
Los casos escogidos corresponden a Santa Elena y Portoviejo son localidades del occidente del actual Ecuador, aunque me referiré más ampliamente al de Santa Elena por contar con mayor información (Imagen 1; Mapa 1). Durante la colonia permanecieron bajo una misma adscripción político administrativa identificada como Provincia de Guayaquil (Mapa 2) . En este punto esbozaremos brevemente el marco histórico geográfico en el que se encuadran los aportes que se comentarán.
Estas locaciones ocupan actualmente el centro norte y sur respectivamente de la costa exterior. Al momento que se escriben estos artículos, Santa Elena todavía era parte de la Provincia del Guayas.
En el marco de la estrategia general de Descubrimiento y Conquista iniciada por Colón en las Antillas a fines del XV, el avance hacia el sur por la recientemente descubierta vía marina, constituiría la etapa terminal de este proceso casi, 40 años después del “colonazo”[3], y cronológicamente fue la costa ecuatorial el frente espacial y poblacional al sur del continente que soporto la arremetida hispana inicial, de lo que en ese entonces se denomina Costa del Levante de los Mares del Sur, entre istmo al norte pasando el golfo al sur, atravesando la equinoccial; poco después la llamarán Peruquete, Birú y finalmente Perú. En estas costas encuentran las primeras facilidades portuarias ya de muy antiguo desarrolladas por la marina local, y establecerán un puesto de avanzada en uno de ellos. Con el tiempo pasara a llamarse Manta.
Una vez identificados geográfica y claramente sus objetivos, concentran su acción al sur del Golfo donde incluso consolidarán un centro administrativo político de la ocupación mediante el recurso de fundar ciudad.
El impacto, al igual que sus predecesores en soportarlo, tuvo efectos desconfigurativos; espacial, demográfica, ideológica y artefactualmente la civilización costanera local soportaría, al igual que en otros segmentos espaciales, la innoble arremetida de los ávidos conquistadores.
Pese a ello y de una manera u otra pero siempre con un alto costo coyuntural, logran sortear y permanecer, adoptando un lento proceso de visibilización y protagonismo en la estrategia de larga duración adoptada.
Hoy la reconstrucción de su forma de sociedad y cultura material entraña innumerables retos y tuvo que esperar al desarrollo de una preocupación intelectual tanto interna como externa para fortalecer el reconocimiento de sus dinámicas ancestrales y valorizarlas en el concierto de los procesos históricos universales.
Tempranos en el impacto, en la costa no obstante han sido los últimos en hacerse visibles, esfuerzo logrado gracias a la tenacidad interna demostrada y a los resquicios y aperturas del estado nación formado.
Por otra parte y desde el estado nación, heredero de los arbitrios coloniales y naciendo en el marco del capitalismo salvaje, un sentido de resarcimiento a acompañado los esfuerzos intelectuales recientes; aunque en sus inicios casi siempre miopes y no siempre favorables, estos esfuerzos han venido trazando una senda cada vez más desbrozada a la luz de compromisos intelectuales o abiertas posiciones propositivas, en este marco destacan recientes esfuerzos que tienen en las localidades citadas sus casos de estudio.
Sin embargo todavía hay preguntas, ¿fueron las respuestas coyunturales y la estrategia de larga duración, diseños? Pervivieron porque así se lo plantearon en algún momento de la confrontación o porque, a pesar de los sujetos particulares, contenían dentro de sí peculiaridades suprahistóricas y teleológicas. La etnogénesis no es solo crecimiento vegetativo; es también reproducción de las fortalezas que la impulsan. ¿Es posible entender estos desde las perspectivas de las ciencias naturales? Abordaremos esta discusión desde dos propuestas teóricas, la una desde la percepción de “lo andino” (Abercrombie) y la otra vinculada al entendimiento de procesos que podríamos considerar similares ocurridos también en áreas de colonia como son Africa y el Oriente medio(Barth).
Sin etnias no hay paraíso
Lo que se denominara Portoviejo se inicia no bien acaban con México. Dejando atrás Mesoamérica abatida, furibundos soldados del ejército reinal hispano arremeten con la costa opuesta de la cual ya tenían alguna noticia de la existencia de mar cuya inconmensurable lontananza fue avizorada por Núñez de Balboa; a poco ya corrían rumores de riquezas y la ambición tomaría nuevo bríos.
No bien entrado el siglo XVI, en 1522, los hispanos, con Pascual de Andagoya, instalados en el continente desde 1519, avistan el gigantesco mar que bañaba las costas. Mar del Sur se denominará. Se desconocía la palabra aborigen local para designar el mar. Pascual de Andagoya realizará la primera incursión sobre sus aguas y de él se obtiene el primer nombre de tierra continental “La Costa del Levante de los Mares del Sur”. Y si que será levante.
Alrededor de tres años le tomarían las excursiones exploratorias en busca de botines de guerra y facilidades portuarias, las que encuentran en el borde alrededor de la línea ecuatorial, táctica que se mantendrá a lo largo de todos los reconocimientos iniciales y que tendrá expresión cartográfica en el mapa de Diego Ribero de 1529 (Mapa 1); hasta que el infrenado Pizarro toma tierra “de punta en blanco” como reseñará Estete, y se hace firme en Coaque, ciudad-puerto, alhajuda y bien provista población; desde ésta incursiona sus alrededores atropella, saquea y toma información. Avanzan por tierra manteniendo la vista al mar, dejando resguardos de costa allí donde estaban presentes facilidades portuarias, de agua y “bastimentos”.
Arremeten contra los dominios del golfo y lo atraviesan llegando a Tangarara que llamarán san Miguel. Los puertos de plataformas habían quedado atrás; aquí encuentran puertos para quillas y más cerca de la costa. El área de los viejos puertos aborígenes perdió interés frente el antiguo centro de Huascar, cuyo esplendor Atahualpa había dejado intacto.
De allí en más el área entre el norte del golfo y el norte del estuario Chone, se empezó a identificar como Provincia de Puerto Viejo.
Los hispanos mantuvieron intacto el sistema de puertos que encontraron a su ingreso a lo largo del Pacífico, privilegiando solamente las ensenadas de aguas profundas para sus pesadas y aquilladas embarcaciones. La combinación aguas profundas y cercanía de la orilla continental, lo era aún más; lo encontraron en Puna, solo que era isla; luego más allá del golfo; aunque también anclaban un tanto lejos, de todas maneras era más cerca a lo que ambicionaban. Lo más cerca de la orilla que encontraron fue en la ensenada de Hocay. Los bergantines, mucho más pequeños, se podían acercar, pero eran de poca capacidad.
Para las naves indígenas de plataforma, profundidad del agua y geometría de la orilla también lo era, solo que se resolvía de otra manera; se privilegiaba las costas con playas rasantes y extensas, ingresando y saliendo en alta marea sobre ellas. Playas rasantes, puertos indígenas y aguas profundas, pero hacia afuera, cerca del corredor de cabotaje. Las naves grandes de quilla, desde allí, se estiba con botes hasta la playa.
Establecido el puerto, a renglón seguido tierra firme. Lo que la nave era para el mar, el caballo lo era para tierra firme. Mientras más enjuta, seca y continua fuese mejor. Allí quedaban partidas para “guardar la costa”. Pastos, agua y llanuras.
El problema de la confrontación inicial no es nuevo en el ámbito ecuatorial, pero el estado en que se presentaba ha sido consecuencia de los aportes de la documentación hispana[4], no siempre exacta, y casi siempre sesgada, además que los propios emplazamientos fundacionales no estaban exentos de inestabilidad cuya fuente era la propia estrategia general de posesión de dominios durante la etapa inicial de conquista y pacificación por un lado, y por otro, la propia dinámica geográfica, intestinales conflictos de intereses o acechos externos.
Tampoco hubo intentos y oportunidades para explorar otras alternativas. Un reciente trabajo de Clara Micellini, hace que redoblemos nuestra cautela por las fuentes[5], lo que por otra parte conduce al hecho de examinar nuevas perspectivas de entender el problema. No sería nada extraño que lo que está por escrito sea solo la apariencia, en tanto constituía un rendimiento de cuentas al Rey. Tampoco sería extraño la forja de documentos por ejemplo a fin de probar falsos meritos con el propósito de sacar ventaja. Las inexactitudes de documentos referidos a un mismo suceso pueden dar cuenta de ello, por ejemplo.
Si bien descubrimiento, conquista, pacificación y fundación se suceden uno tras de otros y en conjunto o por separado crean derechos entre los conquistadores, creo que, como en ningún otro escenario anterior del Nuevo Mundo, la conquista de sudamerica parece darse desde sus inicios en medio de conflictos de sus principales protagonistas, da la impresión de que su resolución habría sido pospuesta ante la mayor importancia que tenía el objetivo del botín; no obstante se develan no bien la pacificación se impone y la ocupación presenta visos de lograda. .
En este pulseo, y en la medida en que la fundación tiene que ver con la consolidación y atribución de la cosa conquistada, cobra importancia el lugar y el bando que realizara la fundación y puebla la cosa creada. Esto parece acontecer entre Pizarro y Almagro-Benalcázar, aunque a la larga esta tensión intestina parece parar al finalizar la etapa Pizarrista de la conquista, y sería la Corona la que recupere el protagonismo, con la introducción de La Gasca y Toledo congelándose todo a partir de 1563, en que se concreta una Audiencia Real en el territorio al norte de la gobernación del Marqués Pizarro, que al parecer incluirá las conquistas aborígenes previas.
Más adelante una vez muertos los protagonistas los derechos de conquistador fueron mantenidos por las nuevas autoridades de la Real Audiencia, pues se encadenaban y refrendaban los sacrosantos derechos de los encomenderos, que tenían su expresión política en los regidores.
En este contexto los pobladores denominados “indios” verán surgir un nuevo referente. San Gregorio se convierte en la “ciudad” pero su sector dinámico esta en el puerto.
Renglón aparte merece el caso de Jipijapa
En general sea para este caso o para otros, desde la aportación de Saville (1906-1910) el documento que se ha citado con frecuencia es la Descripción de 1605[6].
Para referencias más tempranas téngase presente que los hispanos de Pizarro, en un primer momento (1524-1531), comienzan su arremetida de norte a sur por la ribera oceánica, sin incursiones hacia el interior en la costa ecuatorial. Es posible que entre los pueblos de la ribera, listados durante la avanzada de Bartolomé Ruiz, y expuestos por Xamano[7] esté citado un enclave de Jipijapa, ribereño, bajo dominio cacical de éstos, como se verá más adelante. Es posible también que durante su estancia en Coaque los pizarristas hayan incursionado tierra dentro, incluso en localidades altocosteras, durante sus rancherías, pero no hay constancia[8]. Esto sucedería posteriormente, tanto con el Adelantado Pedro de Alvarado, como con los pizarristas, entre otros, Pedro de Puelles[9] y Francisco Pacheco[10], alrededor de 1535 a 1547, pero por ahora no hay referencias[11].
Los primeros referentes del siglo XVI hacia las tierras altocosteras acerca de poblaciones en ella, las tenemos en las cartas que el Adelantado Pedro de Alvarado escribiría al Rey, con lo que fue posible la reconstrucción posterior del itinerario seguido por éste[12]. En 1534, y en su afán por rivalizar con Pizarro, ingresa por el área de los primeros desembarcos, Coaque-Bahía y arremete por una ruta transversal en su afán de arribar hacia lo que se había empezado a denominar “Quito”.
Partiendo por Caráquez, inicia la campaña hacia el interior, enfrentando a su paso a los representantes de la sociedad local. Accidentalmente Alvarado ingresa a una región solo sospechada por Pizarro en Coaque, la selva occidental preandina. Sin embargo con los referentes de Alvarado no aparece la denominación de nuestro interés, que solo se consolidara posteriormente con la imposición del dominio de Pizarro. Alvarado en su febril travesía, describiría y de nominaría varias poblaciones. Presuntamente a la que nos interesa la habría denominado como “Pueblo de Oro”.
Los documentos generados en la temprana colonia no mencionan específicamente a Jipijapa, sino como parte de la gran denominación de provincia de Puerto Viejo[13]. Es posible que después de Alvarado, con el proceso de pacificación previo a la fundación de San Gregorio llevado adelante por las huestes de Pizarro, se haya logrado acceder las poblaciones altocosteras y operado sus reducciones y reparticiones[14]. De este proceso se habría obtenido el primer reasentamiento de una “provincia de gente” en “Lanchan” localizada en sabanales, en dirección hacia la ciudad de Puertoviejo[15]. Molina sugiere que será Pacheco quien estaría alrededor de dos años en el proceso de pacificación recorriendo la “provincia” y también en los años inmediatos posteriores a la Fundación de Villa Nueva de San Gregorio, en que tienen lugar los repartos que incluirían las poblaciones altocosteras, evidenciadas, por otra parte durante el proceso de apoyo a la conquista de la costa fluvial (cuenca del Guayas) previo a la implantación de Santiago (Molina, 1986:223). Señala asimismo que Don Francisco de Barrionuevo, desde Panamá, en 1535, recibe quejas de los vecinos españoles e indios por los repartos hechos por Benalcázar en Quito y Francisco Pacheco en Portoviejo. Los repartos son instituciones de la conquista vinculado a las Encomiendas y consisten en reagrupar a masas aborígenes fuera de sus lugares habituales (apud, 223).
La ciudad de San Lorenzo al parecer se encuentra en el emplazamiento actual desde su formación como ciudad, que algunos consideran se inicia con una “fundación”[16] española, en el siglo XVII, y en ese momento ocuparía la porción más plana del valle. En el proceso surge en plano damero, característico de las locaciones hispanas. Inicialmente es una “reja” con cuatro calles principales, lineales e interceptadas en cuadro, y un lugar público, inicialmente denominado plaza, que ocupa el cuadro central, rodeado de las edificaciones principales y vecinales. Iglesia, Cabildo, Escribanía, etc. Presenta un modelo común a las fundaciones de la costa ecuatorial, inauguradas con San Gregorio de Portoviejo en 1535. Los ejes periféricos de la reja fundacional, conectarían con los senderos tradicionales. El esquema se mantiene hasta la actualidad, y los ejes viales urbanos se extienden, manteniendo inclinaciones de relieve, hacia el norte, sur, este y oeste, como prolongaciones de estos tempranos trazados.
El valle donde se emplaza la ciudad habría sido escogido por los hispanos por ofrecer un segmento de planicie en medio de las lomas, con tierras intermitentemente fértiles, agua, aunque poca, y otros recursos de bosque tropical a la mano, así como encrucijada de senderos aborígenes transmontanos y, sobre todo, las varias poblaciones aborígenes previamente reducidas. Los autores varían un poco en la cantidad; entre nueve (Pérez, 1971: 12) y ocho (McEwan, 2004: 120). Estos habrían ocupado los alrededores intermontanos y habrían sido reubicadas bajo la política de reducciones, primero en las cercanías de San Gregorio[17] y después en un centro urbano autónomo, aparentemente en correspondencia con un agregado de cacicazgos, separados del área de Picoaza.
Para favorecer este nuevo emplazamiento hispano, disponen de los cacicazgos Jipijapa en las cercanías de la nueva ciudad, a la que habían bautizado como San Lorenzo. De acuerdo con Pérez, los aborígenes dispersos en una geografía que para el autor se define como “la antigua Provincia de Jipijapa”[18] son trasladados desde Lanchan hacia Jipijapa La Baja.
En Lanchan, según el autor Sancán, habría sido la primera reducción, pero luego cambian hacia un emplazamiento con mejores condiciones, el sitio del primitivo pueblo de La Baja, “un valle plano y rodeado de colinas” lo que habría sucedido en 1605. Antes de esta fecha solo hay la referencia de Andrés de Contero en 1569, a un poco más de 30 años de la intervención de Puelles y Pacheco. En 1569 fueron a pacificar la costa en bajo de Puertoviejo (Ponce L, 1992:68) en tiempos del Licenciado José de Castro[19], río Daule arriba, casi 50 leguas.
Narran la fuerte resistencia y la ferocidad intercacical encontrada. En 1570, acerca de Portoviejo (Ponce, 1992:89) se menciona la distancia desde este hasta Guayaquil por tierra, pero no se menciona población alguna en la travesía. Para 1573, en un derrotero entre Quito y Lima, se menciona “A 30 hay otro pueblo que se dice Puertoviejo...Alfonso de Vera y del Peso saliendo de allí hacia el norte para descubrir minas de esmeraldas”.
Al parecer hay un tiempo que el interior costero permanece como área de ejercicios de conquista y pacificación puntuales a partir del principal centro hispanos de la costa Santiago.
Efectivamente, según un documento escrito por Pérez[20], quien hace un pequeño ensayo de revisión de varias fuentes históricas, alrededor de nueve agrupaciones aborígenes son relocalizadas bajo una misma circunscripción y la denominación de JipiJapa (véase también Holm, 1987 y Cedeño, 1985). Ni Pérez ni los otros autores aportan con información acerca de la vieja y nueva localización de esas masas aborígenes, aunque de acuerdo con la política hispana de ciudades, estas no deberían estar muy lejos. Señala que Jipijapa es un pueblo “todo de indios”, tiene 130 casas[21], y el nombre lo habría tomado de “uno de sus antiguos caciques” habiendo “dos pueblos de este nombre”, “dos leguas distantes entre sí”; el lugar que ahora esta reducción le llaman “Jipijapa la Baja”. “Pasa junto al lugar un río que nace cuatro leguas de allí de manantiales, y corre otras tres hacia el mar[22]”… “La granjería principal de los indios es alquilar caballos hasta Daule, que son 25 leguas”. También van a “Manta y regresan con pescado”. Cuando les falta maíz “van a comprarlo a lugares cercanos”. Cada parcialidad tenía su lengua. Hoy (1632) hablan el castellano.
Tampoco las fuentes mencionan si, previo a esta nueva disposición, el valle habría estado directamente bajo algún tipo de uso por parte de la sociedad aborigen, aunque se sugiere que correspondería al emplazamiento de uno de los dos componentes de San Lorenzo: el bajo. Se menciona que en nuevo asentamiento aquí se localizaba “Jipijapa La Baja”. Pérez supone- y creo que bien- de que “ambas Jipijapas” estarían sobre la cordillera aunque no indica en que relación cardinal. Las parcialidades están repartidas entre siete encomenderos, cuatro de ellos viviendo en Guayaquil, dos en Puerto Viejo y uno en Paita. El documento de 1573 sugiere que San Jacinto de Jipijapa la Alta habría estado hacia el este, hacia el otro extremo “dos leguas distantes entre si” y en consecuencia más próximo hacia el valle del río Daule. El hecho de que cuatro de los encomenderos estén en Santiago nos plantea la posibilidad de que estas encomiendas se localicen más próximas al valle del Daule.
Las tierras que vindican o el territorio inicial, que en 1763 se define como Parroquia del Partido de Portoviejo, incluyendo Pajan y Julcuy. Para 1763 son cerca de 2000 pobladores, hay 100 españoles y los demás son indios( 430), negros y mestizos. Según los caciques en funciones, desde la conquista son: hacia Portoviejo hasta el lugar llamado Pepita Colorada por el Camino Real: hacia la parte de Lodana, río de Plátano. Hacia Montechristi hasta Lomas de Piedras antes de Sapotillo y hacia la costa, siguiendo el río San José, hasta su desembocadura en el mar, y corriendo la costa hacia el sur hasta la boca del río Ayampe y por este tierra adentro hasta el cerro Ayampe, hasta el camino Real de Guayaquil, incluyendo Potrero Nuevo (P.P Gómez) hasta las cercanías de Banchal (Cascol) y por el camino real a Guayaquil hasta delante de Caimito, donde esta una cruz, y corriendo el río Pajan, por la parte de Santa Lucia hasta un paraje llamado Las Iguanas, y los sitios de dicho Paján, río abajo de Guineal hasta Guaiguil. Desde la perspectiva geográfica todos estos linderos demarcan la actual cuenca del río Jipijapa.
Las parcialidades, de acuerdo a un documento producido entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII (1584-1605)[23], son: Pipai, Jipijapa La Baja, Apelope (Peonce), Apechingue[24] (Apechinche), Sanchan (Lanchan), Jipijapa la Alta, Pillasagua, Picalanseme.
Todos los Pueblos tenían el nombre de sus caciques (32); estos pueblos reducidos se llaman parcialidades y distan entre si entre 8 y 9 leguas. En Jipijapa hay 8 parcialidades. (ibid 37). Los indios van desde el puerto de Manta a Jipijapa y de allí a Daule a Unguia (sic). “Desde el puerto de Manta a Jipijapa y de allí a Daule hay 25 leguas de despoblado con tambos” [… ] “previénense en Jipijapa de todo o del agua 4 leguas adelanta en la primera aguada”[…] “hay en Jipijapa un tambo o mesón bien aderezado”. Cuentan que un cacique de Apechinche dio a Megía (encomendero) un pedazo de oro en forma de tabla (opud 32), que según la referencia sería “tabla que ponía como tarima en trono del mismo metal para sentarse en ciertos sacrificios y solemnidades que tenían entre año”( ibid 32).
De San Pablo de Manta dicen que los indios … “viven de la pesca y de llevar a vender pescado por la tierra” …”también trajinan arar….(sic) y mercadurias (sic) de Castilla hasta Jipijapa que dista 9[25] leguas” .. “aquí se proveen agua los caminadores para pasar el desierto”(ver nota 7) (1605: 44)…Desde Picoaza para ir a Guayaquil salen a Jipijapa (ibid 45).
El Camino Real que va a Guayaquil que llaman de Colimes y Manchal[26] […] es “tierra que solía[27] estar poblada de muchos indios” (1605: 31)
Para 1740, Requena visualiza la situación de Jipijapa como implantado en una encrucijada de caminos entre Bahia y Santa Elena de norte a sur y entre Manta y Daule de oeste a este. En el Mapa que recoge la situación del espacio colonial queda claro el papel jugado por esta encrucijada con anterioridad a la llegada de los iberos y que persiste durante todo el periodo colonial (ver mapa 2). Este aspecto será clave en los reclamos de tierra pues vindican ancestrales estrategias de mercado.
La organización histórica correspondiente a la sociedad aborigen, es, según estas fuentes, el cacicazgo, y Jipijapa parece haber estado inmersa en este proceso. En el siglo XVI, Xamano y Xerez describen los poblados a lo largo de la ribera oceánica sujetos al Señor de Salango; en 1534, Pedro de Alvarado, al mando de un ejército, describe los pueblos al interior alto costero, y quien, según las fuentes, habría capturado y dado muerte al “cacique de Jipijapa”, o por lo menos a uno de ellos, o quien estuviese por encima de ambos, del señor de la Alta o del Señor de la Baja. Esta dualidad parece ser una característica de este cacicazgo, pero un estudio pormenorizado del mismo no ha sido emprendido todavía.
Mas adelante, de acuerdo con otras fuentes posteriores, los aborígenes de Jipijapa, los encomenderos, los freiles católicos, la milicia y la administración hispana reconocen la existencia de un solo cacique para Jipijapa. La estructura cacical persiste y está presente hasta bien entrada la colonia, y de su seno salen importantes personajes que vindican la ancestralidad de las tierras despojadas por los hispanos. El nombre de uno de ellos es emblemático de la actual ciudad: Parrales y Guale.
En cuanto a Santa Elena hay que indicar que el mismo periodo en que se hacen firme en Coaque, incursionan la costa por tierra, atravesando por dentro lo que habían definido como la saliente Santa Elena. Siguiendo el perfil costanero se aventuran las primeras exploraciones que alcanzan la línea ecuatorial y siguen más al sur. Cada entrante, saliente, playa, isla, llano, ancon, estuario, y promontorio, así como dirección y periodicidad de los vientos, entre otros, fueron inaugurados y definido por los marinos españoles durante las primeras incursiones, entre 1522 y 1531, y registrado de conformidad con sus artes de navegación. Se levantan las primeras cartografías, y en ellas, durante este primer momento, se señalan aquellos accidentes que tenían utilidad portuaria; bahía de San Mateo, cabo de la Buelta o Pasao, punta de Santa Helena, isla de SanIago(ver mapa de Ribero, 1529).
Las primeras descripciones[28] señalan el accidente geográfico, cabo o punta, que llamaran Santa Helena, que habría sido denominado así el día que la avistarían por primera vez; cosa igual había sucedido anteriormente con la bahía de San Matheo y la isla de Santa Clara. Según uno de los más tempranos mapas de la costa ecuatoriana que se conoce que es el de Diego Rivera, de 1529, solo se consignan la Punta de Santa Elena y la isla Santiago(Puna)(Holm, 1986:8). No aparece para nada Sumpa.
En 1534, la referencia más temprana pisando tierra firme dirá “Tomada tierra en Caraque, ques a diez leguas de Puerto Viejo, tuve notycias por los yndios, que abia veynte días que Fernán Ponce passó por allí e truxo muy mal viaje...e supe que desde Puerto Viejo hasta la punta de Santa Elena, abia ya quemado y despoblado cinco pueblos...(Alvarado, carta a Francisco de Barrionuevo, 10 de marzo de 1534).
Antonio de Herrera, siglo XVI “Hai en la Costa de esta Gobernación los puertos, islas, i puntas siguientes.......antes de la punta de Santa Elena en dos grados de altura el río Tumbes....”(Herrera, 1547: 325)
Cieza, considera, en el marco de la colonia temprana, la punta como parte de la costa, sobre todo en su narración de la leyenda de los gigantes “ I porque en el Peru hay fama de los gigantes que vinieron a desembarcar a la costa, en la punta de Santa Elena....cuentan los naturales, por relación que oyeron de sus padres, la cual ellos tuvieron y tenían de muy atrás.....”(Cieza, 1536:14). El autor apelo una relación con la tradición oral que supuestamente habría existido al momento que él escribe en el siglo XVI, y que no mencionan para nada “Sumpa” o “Sampu”.
También Antonio de Morga(1615-36), al describir la costa durante los viajes dice “Costean desde Manta al cabo de san Agustín, la ysla de la Plata doblan el cabo de Santa Elena....” (En Estrada, 1972: 3)
Una de las primeras caracterizaciones geográficas de tierra firme de la costa la encontramos en Benzoni viajero del siglo XVI. Dice : “Desde Tumbes hasta el mediodía a lo largo de toda la costa puede ocurrir que por esos llanos puede transcurrir tres o cuatro años sin que apenas caiga algún chaparron de agua...”(Benzoni (1546)1957: 58). Es decir para mediados del siglo XVI se reconoce en este espacio algunos poblados y personas. A esta parte de la costa, las crónicas en su conjunto, apuntan a incluirla dentro de lo denominado Guancavilca. Dos en particular. Colonchillo[29], que sería en la punta y Baltacho que es cacique de Colonche. ( Benzoni, 1546).
Estos documentos consignan asimismo la temprana toponimia impuesta, de la cual muy pocos lugares se salvaron. No será hasta la instalación definitiva de Santiago sobre la colina de la Culata en la ecuatorial región de Quito, en 1547, en que se constata la presencia de un cuerpo de agua hacia el levante de la costa, que constituyen brazos de mar, comenzándose a configurar en la mentalidad ilustrada de entonces, la gran península que va a adoptar el nombre provisto para uno de sus rasgos, la puntilla de Santa Elena. Su configuración quedaría ya establecida para el siglo XVII(Estrada, 1994:49; Figura 4.2:50)
Para el siglo XVIII se define el tenientazgo de la Punta “Ocupa toda la costa occidental desde las islas de la Plata y Salango hasta la misma Punta de santa Elena; y desde ella sigue por la Boreal, que forma la ensenada del río de Guayaquil, en cuya extensión comprendida los pueblos de La Punta, Chongón, el Morro, Colonche y Chanduy” (Jorge Juan y Antonio de Ulloa, 1774:54). Con este autor cobra realidad la configuración étnica de la península como un espacio que abarca un conjunto geográfico mayor que el de la punta.
Un poco antes Dionisio de Alcedo y Herrera había escrito la definición más temprana de la punta, escrito cuando esta ya era partido, según la ley de división territorial de la colonia: “La Punta de Santa Elena es un continente, que se llama así, porque la descubrió don Francisco Pizarro en el mismo día de la Santa, y por que se avanza al mar con un pedazo de tierra en forma de aguja, de media legua de longitud al Oeste......”(1987{1741}:59)[30]
Para 1774, Requena hace una descripción del partido “que se extiende por el sur hasta encontrar el mar frente a la isla Puna, por el este, se termina en las inmediaciones de Guayaquil....los pueblos de esta jurisdicción son Colonche, Chanduy, Morro y Chongón...tan separados unos de otros...”
Para 1980 Zsasdy definen la región península de santa Elena como región étnica “Vivieron los Huancavilcas en el territorio conocido como península de santa Elena, perfectamente delimitado por “fronteras naturales”: el Océano Pacífico, el golfo de Guayaquil, el Estero Salado, engastado en el arco formado por la cordillera del litoral(cerros de Colonche y Chongón), entre la ciudad de Guayaquil y el límite de las actuales provincias del Guayas y Manabí (sur del río Ayampe)...” (comillas y paréntesis internos de los autores) (Szasdy, 1980: 95). Lo cual coincide con la moderna definición de Península, usada en un estudio reciente sobre antropología de la región “representa el 29.08% de la provincia(del Guayas) y el “rasgo que la identifica es la denominada puntilla...”(Alvarez, 1999:76).
Para los 90 del siglo XIX, es decir un poco más de tres siglos de la intromisión hispana, será Wolf {1992(1892):31}el primero en advertir conceptualmente y fenoménicamente una diferencia; reconoce como puntilla de la cual dice “tiene la importancia y merece el nombre de cabo”[31]. La puntilla es solo el limite noroccidental de un evento que merece destacarse alrededor de estas coordenadas, cual es, el golfo de Guayaquil, “el más grande y hermoso desde Panamá hasta Valparaíso”, del cual describe su costa norte: “viniendo de la puntilla de Santa Elena en dirección Sureste, forma en la punta Arena, cerca del Morro, un ángulo brusco y toma luego la dirección NNE, prolongándose por el estero Salado hasta las cercanías de Guayaquil...(op. cit. 30). Será justamente el estero Salado, con que definirá la península: “Si tiramos una línea recta desde Guayaquil a la boca del río de Colonche, tenemos separada esta región del resto de la República, pues todos los demás lados están rodeados de agua salada formando la gran península del Morro y Santa Elena”({1992(1892):100}.
Cien años después, para 1995, CNRS-ORSTOM de Francia realizan un estudio paleogeológico del golfo de Guayaquil y confirman que la península es un fenómeno que abarca la totalidad de la costa norte del golfo(Suárez, 2002:33). Tiene dos esquinas: Salinas(La Puntilla) al oeste y Posorja (Punta Arenas)al este, en tanto que a sus espaldas tiene la cordillera Chongón-Colonche, al frente el golfo de Guayaquil. Este espacio de forma cuadrilateral, tres de cuyos lados están en contacto con el océano, comprende la hoya Neogénica de Progreso (Renaud, et.al., 1995: Fig. 49: 23b), que es la mas reciente definición del evento geográfico y que concuerda con los procesos históricos y ecológicos acaecidos.
Hay pues una diferencia de tamaño, forma y función. Punta es una franja angosta en “forma de triangulo agudo” o aguja que se proyecta mar afuera y que define una curvatura en el perfil costanero dando lugar a una pequeña ensenada. La península, en este caso, es un cuerpo de tierra en “forma de cuadrilátero” o espátula, rodeado por cuerpos de agua. Las puntas (la Puntilla y Arenas) son solo las esquinas de esta.
Vemos entonces que en sus inicios el concepto de punta para referirse a una realidad física vinculado al carácter portuario de Santa Elena, circunscribiendo su uso a la existencia de este puerto localizado en la ensenada. Luego se usaría una acepción más amplia, a consecuencia de la gestión colonial del espacio, al usar el nombre español otorgado a la punta para identificar también el segmento continental vinculado a las encomiendas de los Guancavilcas desde Colonche hasta Chongón; creo que este manejo lo hereda la actual división político administrativa, culminando en usarse sólo para identificar uno de los cantones que componen la región.
En este “telón de fondo histórico” tiene lugar los casos que se describen. Ahora veamos hasta donde podemos llegar con las categorías escogidas.
Se vive…se siente…la etnia está presente.
En cuanto a la propuesta de Barth, da la impresión que para el autor, lo étnico es una suerte de “biorritmo” con carácter homeostático, pues autoregula el sujeto sobre todo en situación colonial “los límites étnicos representan una organización positiva de la relaciones sociales”; aquí organización tiene un sentido retroalimentativo, siendo fiel a la teoría de sistemas. Desde esa perspectiva el sujeto-grupo (GE) y la partícula de este grupo –el sujeto étnico- son una entidad con límites transferibles “transacionales” entre si; la etnia tiene las características de especie biológica y los sujetos son especímenes que tienen corporeidad. De esto se deriva que el modelo de “poliétnico” es similar a un “bosque” sede de múltiples especies – de allí su frecuente e insistente apelación a la noción de “sistema”; y su discusión parece una larga disquisición acerca de la “aptitud” de la etnia para adaptarse a un cambio en sus condiciones “ambientales”. Esta es una perspectiva para quien por su formación paleontológica y biológica parece contener ese sesgo; al igual que las “variedades lineanas” o taxonómicas, el sujeto-grupo está siempre constreñido en tanto comporte un “límite” esto es carece de tendencias y libertades fuera de este, libertades que incluso lo pueden llevar a resignar conscientemente su estado.
Refiriéndonos a Santa Elena, es interesante recalcar una suerte de distancia entre lo que sería la óptica oficial tras la palabra Sumpa y lo que analiza Álvarez respecto de los procesos internos y la definición de Cholo. La continuidad del uso de la palabra Sumpa, que se creía topónimo, antiguo, étnico y de lenguaje local, deviene, en consecuencia, una decisión de la sociedad actual.
Esta decisión debería entonces tener en cuenta que eventualmente estaría mal escrita en castellano, estaría vinculada a un mito no probado, no corresponde a la grafía que adoptan palabras de indudable raigambre indígena que actualmente se mantienen como topónimos y antroponímicos en la región, y que, finalmente, designaría solo parcialmente una realidad geográfica. De ser útil, como imaginario territorial, asumiendo que una perspectiva desconstructiva no está vedada, Sumpa plantea la autopercepción identitaria como totalidad espacial y étnica, la tierra ancestral puesta al servicio de un proyecto cultural en el contexto socio político de la sociedad civil de la cual forman parte.
Esto último parece encuadrarse en la consideración de que la identidad es un proceso y una práctica por parte de sujetos en particular, “apelando al pasado en la constitución de mundos significativos”; así la construcción de ese pasado será un proceso que organizará de modo selectivo los acontecimientos en una relación de continuidad con el sujeto contemporáneo (Friedman, 2001:184).
Es obvio que en el marco de disputar espacio a la sociedad que la circunda, la identidad tiene que ver con el adquirir poder; alimenta así su proyecto autonómico como provincia. Sumpa pretende ser un símbolo de la población en este “hacer camino al andar” en la búsqueda de su presencia histórica como colectivo social que, más allá de la etnicidad[32], buscaría integrar los resultados poblacionales inaugurados con la colonia y que actualmente conforman la nueva población peninsular.
Refiriéndonos a Portoviejo. Bajo una perspectiva de articulación doble y etnogénesis así como límites de grupo étnico, en el caso de Portoviejo se están dando condiciones para poner a prueba y validar éstas categorías conduciendo un trabajo de campo y una interacción facilitador; es un proceso que está en espera.
El esfuerzo de Carmen Dueñas espera pasar todavía por desarrollar una estrategia de compromiso que conduzca a visibilizar y a dotar de condiciones para que esto tenga apoyo. Actualmente creo que el caso más visible lo constituye la población de Picoaza; algunos de cuyos miembros vindican ancestrales vínculos con el espacio que congrega vestigios de la civilización de las sillas de piedra. Ellos se autoproclaman descendientes y el discurso gira en torno a la invocación de un sueño que uno de los líderes ha tenido en el cual se le presenta el espíritu del cerro y le impone un cargo; ser el guardián del cerro. En este cargo, el organiza los “chigualos” donde distribuye bocados, dulces y bebidas, y en las que redistribuye parte de los ingresos obtenidos en la guía turística.
El reciente reclamo de Chone por la inundación artificial a través de las noticias de prensa no sugiere en modo alguno que se haya activado alguna clase de dispositivo “étnico”, lo cual deja de ser curioso, pues es Chone hay una suerte de vindicación simbólica del colibrí y la flor de la naranja como elementos que señalan componentes de la mezcla aborigen-hispana detectadas en el marco del reciente Inventario de patrimonio Cultural (Suárez, et.al, 2009). El caso más acuciante parece que es el de Jipijapa; a excepción del reciente estudio de Membrillal, después del notable esfuerzo de Pérez en los 50 – 60 sobre la vindicación de los orígenes étnicos, todavía sigue relegada.
En ambos aportes citados tanto en Santa Elena como en Portoviejo hay coincidencia en afirmar el papel que la estructura y liderazgo cacical tuvo en los procesos documentados; la actitud consignataria de estos y la apelación constante a su estatus parece revelarlo. Así, apelar a la etnicidad de la masa movilizada, también parece una estrategia cacical de mutuo propio; les permitía negociar su propio estatus con los hispanos a la vez que reforzar su autoridad entre los “connaturales”. Ello se pone de manifiesto, por ejemplo, en las derramas (Suárez, 2004), el cual desde la perspectiva hispana aparece como un simple “prorrateo” pero que a mi parecer, al interior pulsaba una estructura previa que definía las reglas de participación; las condiciones coloniales eran así propicias para la gobernabilidad cacical del colectivo mientras se satisfacía sus propias ambiciones de reconocimiento tierras y estatus; en todo caso la masa aborigen en pie no era una masa amorfa o inorgánica-nunca lo fue-y capaz de reagruparse luego de los traspiés iniciales, aunque para ello tuvo que aceptar las reducciones[33]; luego de un recuento inicial del estado en que quedaron, tienen que haber adoptado acciones que no empeoraran las cosas, entre ellas muy probablemente tuvieron que adoptar el castellano como lengua franca, pues la reagrupación debe de haber incluido parlantes diversos en un mismo hacinamiento (léase reducción) a la par que “entendían”[34] al invasor y aceptar el hecho de una reproducción masiva en ciernes consecuencia de las violaciones de sus mujeres. Sostengo que disponerse para enfrentar un tiempo largo empezó a ser parte de la conciencia de existir. Es una estrategia, no un límite étnico. Estrategia que por lo demás no necesita de formularse a nivel consciente. Como en el caso de Picoaza puede ser onírica. Acompañado además por la reciente exposición de los problemas internos del sistema-mundo y contradicciones del capitalismo
La decapitación de linajes, la merma de efectivo poblacionales y la necesidad de liderazgo ante los tiempos que atravesaban conducía a no experimentar así que en este momento todas las acciones llevaban el signo de lo colectivo polietnico que ligaba estrategias de comportamiento individual que bien o mal tenían efectos colectivos. En este contexto es posible postular que no había limites étnicos en si mismos, sino límites de la organización para la resistencia; esta no era una resistencia descuidada, no solo literalmente “descansaban sobre papel sellado” como reseñará Dueñas; en realidad descansaban sobre la propia cultura material hispana a la que adoptaron.
El propio desarrollo de los acontecimientos posteriores les llevará encontrara aliados entre los hispanos marginales con los cuales establecen una doble articulación; esto les levaría invisibilizarse a propósito; creo que en parte consecuencia de una estructura cacical más laxa que la andina, en la cual persistió también la rigidez despótica inca a la que se añadirá mayor presencia hispana orgánica por ser área “a caballo” de la férula colonial centralista.
La historia posterior dejará en claro que esta no fue una disposición equivocada, pues en su fase opresora directa duraría al más de 300 años y creo que, en esta perspectiva, Bolívar se equivocaría al intentar suprimir el cacicazgo, tal como apela Dueñas. Quinientos años después y bajo formas atenuadas en las autoridades tradicionales de la costa, este sobrevive, como señala Álvarez, y a mi modo de ver lo hace configurando una suerte de “pirámides móviles” comunales donde el desplazamiento de la autoridad no resquebraja la disposición a movilizarse frente a intereses compartidos, como el caso de la tierra-territorio.
[1] dialnet.unirioja.es / servlet/fichero_articulo?codigo=2390488&orden.
[2] http://www.scielo.org.ar/scieloOrg/php/reference.php
[3] Adjetivo despectivo de la presencia de Colón. El web parece que existe como nombre propio de un pueblo de Chuiapas, México; y un periodista lo emplea para referirse a una tragedia; un cruento choque entre la cooperativa de transportes Cristóbal Colon (!!!!) y un Tráiler; en todo caso fue creado por el suscrito para este contexto y lo anterior lo averigüe después.
[4] Ver un ejemplo de documento colonial al final como figura 2
[5] Recientemente, aunque con fecha de edición 2007, se ha publicado el libro “Sublevando el Virreinato”. En este aparece en inusitada forma, la referencia al Jesuita Annello de Oliva y Catari, como quipocamayoc de los quipus reales, versión no numérica del sistema idiomático quechua, y usado para almacenar la memoria del inca Atahualpa. En esta versión se aclara el nexo entre Sumpa y los incas. Sugiere que, debido a que la versión atahualpista de la historia no alcanzó a consolidarse una vez vencido Huáscar, pues irrumpen los hispanos, los amautas leales conservaron oculta su narrativa, la que es develada por los Jesuitas, en ese entonces en clara oposición a los hispanos, sugiriendo así que la estirpe de Atahualpa tendría vínculos con la costa, la tierra que más se acerca al “sol horizontal” Sumpa y además parece quedar claro el vínculo de esta palabra con el quechua original. En el texto también se recoge que los jesuitas también atacan la versión épica o pizarrista de la conquista, al plantear que en Cajamarca no hubo combate, basándose en una carta escrita por un tal Chávez, soldado de Pizarro, que denuncia el uso de veneno de ratas combinado en el vino, para abatir el alto mando de Atahualpa. También se refuerza la duda alrededor del autor de Buena Crónica y Buen Gobierno. En todo caso el aporte de Sublevando el Virreinato está todavía por sopesarse en todas sus implicaciones.
[6] Su fecha exacta estaría en duda. Julio Estrada al referirse a ella señala que puede ser anterior (1578) o posterior (1632). Me inclino por la primera posibilidad, pues el hecho de referencia seria solo un deslinde territorial entre encomenderos leales a Pizarro y los leales a la Gasca. Creo que Martín Ramírez de Guzmán recibiría el valle del Daule hasta las cumbreras.
[7] Cedeño, en su trabajo sobre la Confederación Manteña en 1985 los cita. A mi modo de ver pueden ser Calangone o Callo; Tuzco o Machalilla y Sarcapez o Puerto López.
[8] El testimonio de Pedro Pizarro en 1531, citado por Porras B (1978:13) en enero de 1531 llegan a Coaque y en Agosto del mismo año ya están en la isla del golfo (ibid 16). Todo el derrotero es por el litoral, no hay referencias tierra dentro.
[9] Molina (1986: 222) refiere documentos tempranos donde relativizan el papel de este conquistador, privilegiando el pizarrismo de Pacheco.
[10] Real Cédula, 1536-03-17 (Madrid) de Dª Isabel a Fr. Tomás de Berlanga, Obispo de Tierra Firme, rogándole le envíe información y parecer sobre el trato que da a los indios Francisco Pacheco, conquistador del Perú y encargado por Pizarro de fundar y poblar el pueblo de Villanueva en la provincia de Puerto Viejo
[11] La descripción de “1605” sugiere que, para 1584, se sabía de la existencia de masas aborígenes identificadas bajo la denominación de Jipijapa y sus parcialidades, tasados en estado de reducción por la Audiencia el 7 de septiembre de dicho año (Estrada, 1987: 20). Solongo, bien puede ser Salango había sido reducido en Picoaza. Para dicho año ser menciona a indios “recién convertidos¨ que son los que por persuasión de los españoles “se han bajado de las montañas y poblado en los llanos”(ibid 20) y que les llaman jibaros montañeses. Ojo esta definición la tomaremos para los jibaros de la Alta. v
[12] Loor, 1956: 206. Alvarado llega a Manabí (Caráquez, en marzo de 1534…. González Suárez dice que de Caráquez paso a Charapotó y de alii a Jipijapa, de aquí a Pajan y luego a Daule. En la pagina 207 indica que Herrera dice que llegaría a Montecristo (Las Ramadas)..al tercer día llegaron a la provincia de Jipijapa ..Había oro y joyas…le llamarían Pueblo de El Oro..caseríos del interior…Las Golondrinas (Pajan)
[13] Relación de los Pueblos de españoles que hay en la Provincia del Perú en 1567…Puerto viejo dicen que hay 15 vecinos de indios y que habrá al menos 5000 indios ( Ponce Leiva 1992:56). C
[14] En una reclamo por encomiendas de Diego Próspero de Noboa y Castro, presentado ante la audiencia en Octubre de 1716, de su abuela doña Josefa de Castro y Guzmán(11 de Julio de 1654), sucesor en segunda vida de la encomienda de …los ahillos y parcialidades nombradas Daule, Puna, Villao, Santa Lucía de Chongón y los jíbaros de de San Jacinto de Jipijapa La Alta en Puertobiejo(sic)…1970 (1714):456. (subrayado sólo aquí). La sucesión parece situarse hacia 1682, a la muerte de Seberino de Castro el encomendero inicial de la repartimientos de indios de Daule y los Jíbaros de San Jacinto de Jipijapa la Alta (ibid 465). El proceso retrotrae hasta 1627. El documento también realiza una aclaración. La encomienda no se encuentra en manera alguna con la merced hecha a Josepha de Ceballos y Dávalos condeza de las Torres en los indios de la encomienda de Manta y La Alta reducidas en dicho pueblo de Jipijapa por ser distinta de la de los Jíbaros. Se menciona a Martín Ramírez de Guzmán como antecedente, personaje que estuvo en la conquista y consta como los primeros encomenderos de Guayaquil y reconocido como el ultimo poseedor (ibid 474). El nombre Jibaros de San Jacinto de Jipijapa La Alta se repite consistentemente y varias veces a lo largo del documento. Este documento no fue consultado por Pérez.
[15] Para Hammerly (1987:102) señala que “la mayor parte de las encomiendas concedidas en la costa en el siglo XVI eran de tribus del litoral y no de tierra adentro”
[16] Hay que indicar que Pérez, usa el documento de 1605, que mención que hay más de una fundación, realizada por un Visitador, lo que llama la atención, ya que son funcionarios con limitaciones. El documento indica la acción de reducción de parcialidades, pero no menciona localización particular para ninguna de ellas (Holm, 1987), aunque indica que Jipijapa es “pueblo todo de indios” y tal parece que los encomenderos españoles no habitan allí. Esto supone que todas las parcialidades ocupan, sino el pequeño valle, si las colinas circundantes.
[17] Jipijapa nombre de antiguo Cacique…había dos pueblos con ese nombre dos leguas distantes entre si, el lugar donde ahora esta se llama Jipijapa la Baja. Antes, la reducción estaba 3 leguas hacia Puerto Viejo (1578), del cual dista en total ocho leguas.
[18] La caracterización de un espacio como provincia la introducen los hispanos y no está claro el sentido en que la emplean; a mi juicio caben dos interpretaciones. Es arbitraria y en correspondencia con un cierto ámbito vinculado a su presencia, o, de alguna maner,a recoge la situación étnica tal como esta se presenta en el siglo XVI. Provincia étnico-lingüística sería un cacicazgo. Sería tan extensa cuanto lo permite la extensión de la provincia vecina, y probablemente sea el motivo de las disputas que los iberos habrían testificado, conjuntamente con el hecho de que “hablaban diversas lenguas”. Aunque no sería extraño que con esto solo intentaban justificar sus propias acciones. De ser cierta La Alta y La Baja, dos leguas separadas entre sí, sería un caso de integración interétnica altocostera.
[19] Posteriormente este será encomendero del área.. Ver nota 4 referida a reclamo de segunda vida de estas.
[20] Pérez, Próspero, 1970, Relatos Protohistóricos y prehistóricos de la Antigua Provincia de Jipijapa, Segunda Parte, Primera edición, Tiraje del autor. Biblioteca Municipal de Jipijapa.
[21] Interesante, pues para esa misma época San Gregorio contaba solo con 32
[22] Esta es una referencia ambigua, pues implicaría una posición diferente a la actual, del cual el mar dista muchas mas leguas.
[23] Es la Descripción de Guayaquil de 1605
[24] Aparece en el mapa de Bleuw de 1635
[25] Sin embargo, cuando indican la distancia que recorre el río hacia la mar dicen que es 3 leguas, lo que es un contrasentido. Quizás revele un antiguo patrón de movilización litoral-cordillera-fluvial por la boca del río Jipijapa y luego por Banchal a Daule. Los indios de Manta tributaban al Señor de Jipijapa???
[26] Quizás Bainchal. Colimes puede ser el actual Colimes de Balzar
[27] Sera este el sentido que quieren darle cuando dicen que es “desierto” es decir despoblado…pues no hay tambos???
[28] Considero también incluir aquí una descripción de la toponimia de sur a norte, realizada tempranamente en el siglo XVI, por un cronista creo que es cabello de Balboa. Puertos y distancias. Cuando llegan a los alrededores de Puna, en el golfo de Guayaquil, señalan para el actual canal de Jambelí el nombre de "Tamemesumpa” o “Tamepumpa”. Quizás se habría querido escribir “Tomebamba” pues los Cañaris habrían tenido acceso a puertos en el Golfo(véase más adelante)
[29] “Coloncillo esta poblado en el puerto de la punta de santa Elena (Anónimo 1581 o 1605. Torres de Mendoza, 1868). Su cacique está “Debajo del mismo cacique de Colonche”.
[30] Es posible que se haya deslizado una equivocación al citar al personaje que la descubrió, pues si bien es cierto el evento acaece en el marco de los primeros viajes, no fue precisamente Pizarro quien estaría presente cuando ello ocurrió.
[31] En el mapa geológico de Walter Sauer(1957) este autor diferencia claramente estos dos fenómenos “en la punta de la península”(pp. 27). Mas adelante, a raíz de las exploraciones petroleras, este evento geográfico se definirá con más precisión.
[32] Como se dijo anteriormente la atnicidad es una atribución de identidad; en el sentido que la nueva población se reconoce descendiente de “los antiguos” pero no se resuelve en la exclusividad de la misma.
[33] Desde mi punto de vista, no escapa a la atención la relativa rapidez con que estas fueron aceptadas – incluso parece que se habría dado intentos de una reducción inca en términos de exclusividad(véase sublevando del virreinato). Es posible que los casos de rechazo tendrían que ver más con diferencias interétnicas residuales que con la explotación estratégica de las fortalezas favorables, las que parecen sugerir esta dirección. Y en esto los líderes naturales habrían jugado un papel. En todo caso esto puede ser una línea de investigación a futuro.
[34] Ver imagen de documento colonial al final.
[i] Como señala Trinchero (1992) el objetivo de los antropólogos enrolados en esta corriente consistió en demostrar la universalidad de los principios de escasez y elección. La concepción formalista se centra en el análisis del comportamiento individual. Esto no significa ignorar absolutamente los aspectos sociales referidos a estructuras, instituciones y sistemas pero se les confiere un lugar que es subsidiario de las acciones individuales. Lo individual explica lo social porque la sociedad es concebida como una sumatoria de individuos. Según Burling la sociedad es una colección de sujetos que hacen elecciones, cuya misma acción implica una elección consciente o inconsciente entre los medios alternativos. “Los fines son las metas del individuo coloreadas por los valores de su sociedad hacia las cuales intenta avanzar... No hay técnicas específicamente económicas ni metas económicas. Lo económico es únicamente la relación entre fines y medios...” (1976:113).
ttp://www.unida.org.ar/Bibliografia/documentos/Antropologia_Social/Pueblos_Indigenas/El_debate_entre_formalistas_y_sustantivistas_y_sus_proyecciones_en_la_Antropologia_Economica.htm
Imagen 1. El occidente del Ecuador y las localidades de los casos: Portoviejo y Santa Elena
Mapa 1. El perfil costanero de América en la etapa de Descubrimiento y Conquista. http://www. Taninga.net
Mapa 2. La antigua provincia de Guayaquil y las localidades citadas en su contexto geográfico – colonial. Tomado de Requena 1774. Al igual que el ejemplo anterior, la cartografía es un servicio administrativo y revela una unidad territorial desde el punto de vista del estado colonial. Por ejemplo derramas en el Morro y Jipijapa (de santa Elena y Portoviejo).
Imagen 2. Ejemplo de documento colonial. Nótese los sobrescritos, vistos, firmas, sumillas y sellos, reflejo de la intrincada “legalidad” de los trámites administrativos coloniales con la que tenían que lidiar el “indio”. Tomado de http://pares.mcu.es
Bibliografía de referencia
La bibliografía que motiva el presente ensayo está consignada en el interior del escrito tal como se lista a continuación.
Titulo: Marqueses, Cacaoteros y Vecinos en Portoviejo. Cultura Política en la Presidencia de Quito.
Autora: De Anhalzer, Carmen Dueñas, Ph.D. Historia, University of Florida, Master en C. Historia con mención en Historia Andina, Flacso-Ecuador, Licenciada en Ciencias de la Educación, Universidad Católica del Ecuador.
Título: Crónicas desde el mar. Una aproximación a la condición indígena de la costa ecuatoriana
Autor: Álvarez L, Silvia. Dra. Universidad de Barcelona, Licenciada en Antropología, Argentina
Titulo: Grupos étnicos y sus fronteras
Autor: Barth, Fredrix, PhD Universidad de Chicago
Articulación doble y etnogénesis. En Salomon, F. y S. Moreno (comps); Reproducción y transformación de las sociedades andinas. Tomo 1:197-210. Quito, Abya Yala.
Autor Abercrombie, Thomas. Flacso, Quito.
A más de estos se ha tenido en cuenta los siguientes:
Alvarez, s/f, De Huancavilcas a comuneros. Relaciones interétnicas de la península de Santa Elena, Abya yala.
Alvarez, S, 2002, Etnicidades en la Costa Ecuatoriana, Codempe, Prodepine, Abya Yala, Quito.
Anónimo (1581? 1605?) “Descripción de la Gobernación de Guayaquil, en lo natural” En: Torres de Mendoza, Luis 1868, Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las antiguas Posesiones Españolas de América y Oceanía sacados de los archivos del reyno y muy especialmente de las Indias. Tomo IX. De los documentos Legislativos. Imprenta de Prías y Compañía Madrid.
Benzoni. M. Jerónimo, 1967(1546) La Historia del Mundo Nuevo, traducción de Carlos Radicati. Universidad de San Marcos, Lima
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Capitulaciones de Pizarro. En: Torres de Mendoza, Luis 1895, Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Segunda Serie Publicada por la Real Academia de Historia, Tomo 9. II De los documentos Legislativos. Establecimiento Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, Madrid.
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Trabajos del autor en este mismo módulo
La perspectiva marxista en la caracterización del “cacicazgo” en la propuesta de Segundo Moreno Yánez. Marcos Suárez, 2010. Presentado a Alex Rivas
Sujeción y Señorío en la concepción hispana del poder étnico americano siglo XVI. Primera reflexión. Marcos Suárez, 2010 Presentado a Tatiana Hidrovo.
Marcos Suarez
2010[1] Como señala Trinchero (1992) el objetivo de los antropólogos enrolados en esta corriente consistió en demostrar la universalidad de los principios de escasez y elección. La concepción formalista se centra en el análisis del comportamiento individual. Esto no significa ignorar absolutamente los aspectos sociales referidos a estructuras, instituciones y sistemas pero se les confiere un lugar que es subsidiario de las acciones individuales. Lo individual explica lo social porque la sociedad es concebida como una sumatoria de individuos. Según Burling la sociedad es una colección de sujetos que hacen elecciones, cuya misma acción implica una elección consciente o inconsciente entre los medios alternativos. “Los fines son las metas del individuo coloreadas por los valores de su sociedad hacia las cuales intenta avanzar... No hay técnicas específicamente económicas ni metas económicas. Lo económico es únicamente la relación entre fines y medios...” (1976:113).
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Marcos Suarez
2010
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